A mi abuela Judith Palacio, porque a pesar de los dolores, malestar y cansancio me enseño que el hecho de estar en una silla de ruedas no es un pretexto para dejar de hablar, reír e incluso jugar, me enseño que tener las manos deformadas e inutilizadas no es para sentirse avergonzado sino que es un bien ya que sintió el apoyo y amor de todos los seres que la rodeamos.
Aunque ya son años de su muerte, las lecciones que me dejo me son útiles hasta hoy y estoy seguro que lo serán en el futuro, porque a pesar de que no este presente siento que me acompaña en cada instante.
GRACIAS...